Ellos hacen florecer los basureros

Ellos hacen florecer los basureros

Ellos hacen florecer los basureros

Por medio de brigadas de siembra, un grupo de 15 vecinos de Laureles (Medelllín) les da vida a las zonas verdes abandonadas. Sepa cómo hacerlo en su barrio.

En medio del cemento, ahí, donde a lado y lado parquean carros y pasa uno que otro vecino desprevenido, hay un samán gigante traído de Cali, que con sus ramas abraza una pequeña selva tropical.

Ahí, en el separador de calle que está a la altura de la circular 2 con la 73, que antes era un basurero, los habitantes del sector sembraron banano, cebolla, guineo, pitalla, albahaca, plátano, piña, níspero, caña de azúcar, mamey, palmeras, filodendros, balazos y hasta tienen un espejo de agua lleno de peces.

El responsable es Pietro Gómez, un ingeniero electrónico de 35 años, que hace 3 se dedica de lleno a la jardinería, pues luego de varias terapias con un psicoanalista aceptó que su conexión con la naturaleza iba más allá de un simple amor por los animales y las plantas.

Tomar decisiones no fue tarea fácil. Tenía una gran presión: su abuelo era el maestro Pedro Nel Gómez y todos en la familia se desempeñaban como ingenieros. Sin embargo, él “quería sembrar matas y estar tranquilo con eso”. Así que primero montó una empresa de marketing digital y luego creó Sembramos, un vivero virtual.

Lea además: Chepe es el jardinero de Laureles Estadio

A la compañía llevó más de 150 plantas, pero ninguna de ellas para la venta. La idea de Pietro es que los empleados sientan empatía y cambien su forma de relacionarse con el entorno.

De hecho, por esa necesidad personal de sembrar y no tener dónde hacerlo empezó a intervenir los espacios públicos. “Ya toda la ciudad básicamente es puro cemento, y hay muchas zonas verdes desperdiciadas, así que había que meterles la mano”.

Una vez al mes él, algunos de sus empleados y otros voluntarios hacen brigadas de siembra en diferentes parques y separadores de la ciudad. La primera la hicieron en 2011, en Laureles, a la altura de circular 2 con la 73.

Por redes sociales mostraron el antes y el después de ese jardín. Un amigo les pidió que hicieran lo mismo en Boston y de a poco otras personas solicitaron que replicaran la actividad en su barrio, por lo que decidieron estructurar la iniciativa: “Cualquier vecino que quiera volver verde un separador de calle, una acera o un parque nos puede contactar y con todo el gusto le ponemos algunos recursos. Las únicas condiciones son que posteriormente esté pendiente de la siembra, disponga de un ayudante más y que recoja un dinero mínimo para comprar ciertos materiales”.

Le sugerimos: Estudiantes de Laureles crearán 14 jardines en parques del sector

El propósito de este colectivo de 15 personas, además de incentivar los barrios verdes, un aire más respirable y unos vecinos más conscientes, es generar sentido de pertenencia. “Nada me gano con ir un fin de semana a llenarte de matas y volver a los 2 meses, seguramente, de aquí a eso, todas van a estar muertas. En cambio, si vos me lo pedís y, aparte te enseño a cuidarlas, el final va a ser distinto”, dice, mientras señala que por esa razón es que educan a los interesados, les hacen acompañamiento y les dan unas indicaciones.

Eso ocurrió con David Canasto, un diseñador industrial que ahora forma parte de las brigadas de siembra, pues, aunque antes no le interesaba, se dio cuenta de que acciones de este tipo “no solo ayudan a la comunidad, sino a uno mismo”.

Efectivamente, gracias a la educación medioambiental, hay cambios reales de convivencia, como el de Lina Marcela Areiza, programadora y diseñadora, que también se encarga de asesorar a los vecinos con sus plantas, llevando un mensaje claro: “El planeta está enfermo, pero todos podemos ser parte del cambio”.

Asimismo, Pietro cree que con solo lograr que alguien ame una mata, una sola, o que en un basurero florezca un jardín, su misión en este mundo está cumplida: “La naturaleza no necesita que la salven, sino que no la jodan”.

Siga leyendo: Vecinos convirtieron en un jardín lo que antes era una escombrera

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co