Don Aristides, listo para el desfile de silleteros

Don Aristides está listo para el Desfile de Silleteros

El más tradicional de los silleteros de Envigado nos recibió en su finca para mostrarnos con orgullo esas coloridas que lo acompañarán este lunes, esas que son de toda una vida.

“¡Don Aristides, cómo está. Otra vez visitándolo y llenándonos de alegría en su finca!”… Uno le dice eso en medio de un abrazo sincero de saludo y los ojitos le brillan, se le llenan de orgullo. Y el pecho se le hincha, se eleva a punta de humildad y amabilidad.
A los 9 años don Aristides participó por primera vez en el desfile. Fotos: Edwin Bustamante.
La fama no se le ha subido, por más que lo visiten casi que a diario personas de todos los rincones del mundo, y no le ha pasado porque es del campo, ese lugar en el que no se busca destacar ni pasar por encima de nadie, en el que para lo que sobra el espacio es para la tranquilidad y la felicidad.

Como si supiera para qué lo visitábamos, empezó a mostrarnos sus cultivos y casi todas las 32 especies de flores con las que adornará la silleta que cargará este lunes en el desfile de la feria. Desde hace 60 años —igual número de ediciones del Desfile de Silleteros— don Aristides luce y lleva en su espalda una tradicional.

De la mano de uno de sus hijos, Juan Ángel, se dedica desde muy temprano al cuidado de los ejemplares que la decorarán en su finca, El Chagualo, en la vereda Pantanillo, de Envigado. Como quien vive tranquilo y feliz en el campo, el muchacho madruga sin problema y a las 6 a. m. empieza su recorrido por los sembrados. Las riega, abona y consiente y no las deja de atender hasta eso de las 5 p. m.

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“¿Ustedes sí venían a ver las flores que tengo listas para el desfile, cierto?” Nos preguntó con gracia, sabiendo que ya nos había mostrado varias. Le dijimos que sí, porque su historia maravillosa ya la habíamos conocido y contado en Gente y que esta vez queríamos saber cómo se preparaba para la sexta década del evento que lo ve desfilar desde que él tenía 12 años, cuando le pagaban no como ahora, sino con un ‘encarcelado’ (pastel) y una bolsita de leche.

A sus flores las trata por igual, todas son las reinas. Pero se muestra preocupado por recuperar aquellas que se han ido extinguiendo, como la estrellita de Belén y la margarita crespa: “Con orgullo cuento que ese tipo de margarita fue y es de Pantanillo, gracias a una señora llamada Ana Laura Rivilla, que la trajo hace unos 60 años de una finca de El Poblado, donde vivía su hija”.

Don Aristides y su familia se esfuerzan por conservarla y multiplicarla, y sobre la que lleva el nombre de Belén recuerda que era su hermano Gonzalo el que la comercializaba desde niños, cuando vivían en la vereda El Llano, de Santa Elena (donde se criaron, aunque se siente envigadeño, pues su papá compró el predio, que él hoy conserva, en 1928). Allá —a Santa Elena— la llevaba desde Bogotá un señor José Gómez.
50 kilos pesará la silleta que cargará don Aristides.
Nos llevó hasta los lupinos (o chochos), de ahí al lirio guayabo, que hoy vale más que el gladiolo holandés y ya casi no se ve. Vinieron también la margarita lucero y otras tan tradicionales y escasas como la crespa.

Las llamas, las no me olvides (que tanto le gustan a este señor por su relación con santa Teresita del Niño Jesús, quien le ofrecía coronas de estas flores a la Virgen para que le mostrara el camino para llegar al cielo), las pascuitas, los pensamientos, los nardos, las campanitas, las clavellinas, el limonium (o fosforito, o la de la virgen), los tangos, las margaritas africanas (o gérberas) y los claveles.

Los minitulipanes, las astromelias, la orquídea cucarrón, los minibesitos y las hortensias, entre comunes y de exportación, y un listado de flores que sigue, sin pasar en alto una de gran importancia y por la que muchos silleteros visitan El Chagualo para surtirse, pues parece que solo está allí: la statis, esa que parece papel (hasta suena como tal) y que no debe faltar en una verdadera silleta tradicional.
32 tipos de flores adornarán la silleta de don Aristides.
Muchas de estas con los años han sido reemplazadas. “Debemos recuperar las especies tradicionales, fortalecerlas, abonarlas, reproducirlas. El desfile es de solo un día, pero el cuidado y la entrega a las flores es de todos los días, lo valen, para mí lo valen.

Por ahí le escuché a alguien decir: ‘Si hay un vacío en tu vida, llénalo de amor’. Yo a esa persona, y a ustedes, y al que pueda les digo: ‘Si hay un vacío en tu vida, llénalo de flor’“. En medio de frases como esta y de una deliciosa aromática preparada de manera especial con hierbas de la finca para nosotros, nos fue despidiendo don Aristides.

Un grupo de turistas lo estaba esperando, y él, feliz de recibirlos y después de haber sacado un tiempo valioso para nosotros, les dio la bienvenida a la más tradicional de las fincas silleteras de Envigado. ¡Visítelo, llénese de vida, aromas y color!

Luisa Feranda Angel
luisaan@gente.com.co