Siguiendo los pasos de la transformación obrera en Envigado

Siguiendo los pasos de la transformación obrera en Envigado

Siguiendo los pasos de la transformación obrera en Envigado

Hay muchas formas de conocer Envigado, una de ellas es caminar a través de las historias de su patrimonio cultural.

Cuántas veces habrá caminado Salomé Calle por El Placer de María, sin sospechar que allí se esconde un estrecho callejón que le da nombre al sector y está relacionado con la historia obrera de Envigado.

Esa fue una de las sorpresas que esta vecina de El Guáimaro se encontró en la caminata patrimonial del sábado 22 de junio, que tuvo como temática principal la transformación obrera.

El recorrido estuvo guiado por Carlos Gaviria, historiador de la Dirección de Cultura, y John Fabio Valderrama, coordinador del grupo de Vigías del Patrimonio.

El Parque Benjamín Herrera fue el punto de encuentro. Muchos ni siquiera sabíamos que ese era el nombre del espacio con juegos infantiles que está en la calle 35 sur con diagonal 40, y que en el medio tiene un busto del general del Partido Liberal que participó en la Guerra de los Mil Días.

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Según el historiador, este busto construido por el artista O. Montoya fue llevado allí por Jorge Eliécer Gaitán en 1947 o 1948, durante una visita oficial al Valle de Aburrá como parte del proselitismo para alcanzar la presidencia.

En aquel entonces “este era el barrio José Félix de Restrepo, la segunda etapa del barrio Obrero que conocemos hoy”, por eso Gaitán aprovechó que su público estaba asentado en estas zonas para dar a conocer sus ideas e instalar un hito que permitiera recordar esa visita.

El busto luce un poco deteriorado, no solo por los rayones recientes, sino porque, según los reportes de prensa de la época, fue arrastrado por las calles el 9 de abril de 1948, cuando mataron a Gaitán.

El recorrido continuó por los depósitos de materiales, que también tienen su historia. En este sector (calle 36 sur con transversal 34DD sur) llegó a parquear la denominada “flota cagajón” o las carretillas arrastradas por caballos y mulas, que fueron prohibidas en 1993 en la ciudad.

Según contó Carlos Gaviria, en esta zona “hubo un apoyo económico entre el florecimiento de los depósitos y el transporte de ese material”, pero el empujón final para que estos locales se establecieran en la zona lo habría dado la construcción del puente Los Fundadores y la expansión urbana del municipio.

Una cuadra más arriba (hacia el oriente) está el Centro Gerontológico AtardeSer. En este lugar, comentó el guía, había una casa de tapia donde vivían Margarita Mejía y sus hermanas, el Municipio la compró y allí funcionó el Tránsito de Envigado.

“Era una finca de cultivo que comenzó a lotearse a finales de los 50 y comienzos de los 60 bajo el nombre de Los Naranjos”, por la abundancia de estos árboles frutales. De acuerdo con el historiador, el predio se urbanizó en 3 impulsos: las casas de El Placer de María, cerca de la Normal Superior de Envigado; el barrio del Seguro Social, cerca de la Clínica Santa Gertrudis, y el sector Las Margaritas, que iba desde donde hoy es AtardeSer hasta los depósitos.

El grupo de caminantes continuó por la Clínica Santa Gertrudis, cuya capilla hoy es un aula múltiple, y de allí avanzó hasta la Normal Superior para detenerse sobre la transversal 36 sur, en un callejón aledaño al colegio. El historiador contó que justo en ese lugar un hombre llamado Eliseo construyó casas de una planta para arrendarlas a los trabajadores de la fábrica Rosellón y en un acto de devoción las nombró El Placer de María, denominación que trascendió al resto del sector.

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Actualmente las viviendas tienen 2 y 3 pisos y lindan con un muro de cemento que es la parte trasera del colegio, donde está la torre anexa construida entre 2008 y 2009, que no fue demolida.

El recorrido avanzó por la canalización de La Ayurá y cómo hablar de este afluente sin referirse a los indígenas que habitaron Envigado. Los guías apuntaron que aunque no se conoce su nombre porque no dejaron escritura, los hallazgos arqueológicos de La Morena y El Escobero dan cuenta de poblaciones de 10.000 años de antigüedad.

Además señalaron la importancia de la quebrada representada en el monumento La Piedra de La Ayurá, de Sonia Tamayo de Puerta, pues sus aguas sirvieron para la fabricación de telas y también tienen un impacto social y ambiental.

Tal vez uno de los encuentros más asombrosos para los caminantes fue la chimenea de Rosellón, que está entre la urbanización Camino Verde del Parque y el andén que limita con la canalización. El historiador Gaviria explicó que “anteriormente era un punto de referencia para Envigado y era mucho más alta”.

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La estructura da cuenta de la empresa de telas que los hermanos Medina, provenientes de Yarumal, fundaron en 1912 en terrenos comprados a la parroquia de Santa Gertrudis. “Una fábrica que dio más del 100 % de ganancias durante los primeros 20 años de existencia, lo que la hizo muy apetecida y por eso luego Coltejer la compró 1942”.

A finales de la década de los 80 los telares se trasladaron a Sedeco y el terreno se entregó al Municipio en pago de deudas de predial. Allí se construyó la Institución Universitaria de Envigado.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co