Un paraíso gatuno en el que también hay café

Un paraíso gatuno en el que también hay café

Un paraíso gatuno en el que también hay café

La Fundación ConPasiónanimal abrió un espacio para escuchar música, degustar una bebida y acariciar mininos en Medellín. La idea es adoptarlos.

La misión más importante de Cometa es encontrar una familia que se la lleve a casa. Por eso cuando un grupo de personas entra a La Gatoría a tomarse un café ella se acicala, maúlla y se sienta en la mesa. Es coqueta y se enamora fácil. Sin embargo, su principal defecto es que se aprovecha de su cargo, jefe de meseros, para obtener la mejor propina: galletas de atún, que le encantan.

Al igual que esta gata atigrada; Blue, Tomás, Kumis, Paco Antonio y Cristóbal tienen un diagnóstico positivo en VIH y leucemia felina, pero no pierden las esperanzas de ser adoptados. Los 6 se pasean por el café, dejándose acariciar, acostándose en las piernas de las personas, amasando a los clientes o disfrutando de los gimnasios. En el segundo piso del lugar están sus otros compañeros, más de 28 gatos de la Fundación ConPasiónanimal, que fueron rescatados del abandono y el maltrato.

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De acuerdo con María Fernanda Saldarriaga, directora de la organización y socia de La Gatoría, la idea de abrir un café de gatos nació de la necesidad de cubrir los gastos de arrendamiento de la fundación y, por fortuna, hace 2 meses esto es una realidad. “Ya solo nos preocupamos por comida, arena y cuentas veterinarias, lo más importante es que ellos tienen donde dormir“.

La del proyecto fue María Fernanda, que había visto este tipo de sitios en otros países, pero el apoyo incondicional de 2 voluntarias hizo realidad este sueño. Uno de los retos que tenían era desmitificar el VIH y la leucemia, para que los peludos que padecen estas enfermedades puedan tener una familia, razón por la que los positivos están en contacto con la gente.

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Según Ana María Giraldo, etóloga de Patugato y socia de La Gatoría, este es un espacio pensado para los amantes de los mininos, pues el propósito es que entre música, ronroneos, una taza de café o un plato de comida las personas se despejen, observen y jueguen con los gatos. También hay lugar para la lectura, la pintura y la tertulia. Los clientes salen relajados y los niños emocionados de tener un peludo entre sus brazos.

“Hay gente que no puede tener animales y este es el espacio perfecto para que se dejen llenar de amor. Además la ayuda es mutua, pues estos acercamientos les permiten a los felinos tener aprendizajes de bienestar frente a los humanos. El día en que reciben visitas es cuando mejor comen y se ven más animados“, cuenta la experta en comportamiento animal.

A la hora de recibir la cuenta los meseros siempre les preguntan si desea incluir un aporte de $ 2000 para la manutención de los mininos. Sin embargo, los visitantes también pueden donar concentrado y arena o vincularse como “Héroes”, apadrinar a un integrante de la fundación mientras encuentra su hogar soñado.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co