No tiene que ir hasta el cielo para tomar un café con Dios

No tiene que ir hasta el cielo para tomar un café con Dios

No tiene que ir hasta el cielo para tomar un café con Dios

En frente de la parroquia San Pedro y San Pablo (Barrio Estadio, Medellín) hay un café temático en el que hay imágenes, libros y música católica.

Casi todos los días Claudia Méndez y Paula Tabares van por su dosis: 2 lattes y 2 palitos de queso. Mientras esperan se sientan en una de las mesas, bien cerquita de la Madre Teresa de Calcuta. Escuchan el susurro de la música y conversan. Se llenan de paz interior. Cada detalle (los libros, las imágenes, la atención) las hace pensar que Santa Ana no es un café del montón. Es un lugar en el que la Iglesia se vive de otra manera, “definitivamente es lo mejor que nos pudo haber pasado a los vecinos del Estadio”.

Desde hace 10 mes, al frente de la parroquia San Pedro y San Pablo, está ubicado Santa Ana Café & Cocina, un espacio temático que rinde culto a la religión. En las paredes hay fotografías de santos o personajes importantes para la Iglesia católica. Los domingos al mediodía y en la noche no cabe un alma. En ese lugar los feligreses se disponen para la eucaristía o comentan lo que el padre habló en la misa.

El dueño es Andrés Giraldo, un joven de 27 años, atento y cálido, que cansado del derroche y los excesos transformó su vida. Hace casi una década se quitó las aretas y la cresta para comenzar un camino de fe. Llegó por casualidad a un grupo de oración y, después de entender su propósito en el mundo, se convirtió en misionero del Movimiento Católico Lazos de Amor Mariano.

“En la comunidad entendí que la Iglesia no es algo aburrido, monótono o que cohíba. A veces la gente cree que la religión es camandulear o rezar todo el día y es totalmente distinto, se puede vivir y dar testimonio desde lo que a cada quien le gusta. Y esto es precisamente lo que todos los jóvenes deben saber”.

Por esta razón este técnico en mantenimiento de computadores dejó su trabajo como líder de operaciones en Bancolombia y decidió sacrificar la estabilidad económica por cumplir un sueño de niño, ser músico.

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Quería ofrecerle a Dios esa habilidad de cantar y tocar guitarra, batería, bajo y percusión menor. Se matriculó en Informática Musical, pero de alguna manera tenía que conseguir dinero. Se le ocurrió hacer realidad esa idea que tenía hace tiempo de crear un espacio, diferente a la Iglesia, en el que los creyentes “pudieran hacer lo que hacen en su vida cotidiana, pero con Dios: escuchar música, tomarse un café, leer un libro, compartir con los amigos. Todo a su lado”.

Empezó su emprendimiento vendiendo brownies bajo pedido, hasta que su hermano, a finales del año pasado, le propuso que unieran fuerzas para materializar el proyecto. Al principio crear un sitio con una temática católica no le sonaba mucho, pero mientras hacían los cursos de barismo y manipulación de alimentos, su hermano atravesó un proceso de conversión. Ahora sí Santa Ana, que hace referencia a la madre de la Virgen María y a esa representación de la abuela materna, era un hecho.

Cuando consiguieron el local no cayeron en cuenta de que estaba al frente de San Pedro y San Pablo. Pero justo esa casualidad “fue una bendición”. El objetivo principal del sitio es que, además de un café, la gente se conecte con Dios. Por eso la primera actividad que hicieron, y que al día de hoy perdura, es el Trueque Santa Ana, que consiste en que los vecinos donen a la biblioteca del lugar un libro católico que ya se hayan leído, a cambio de un café o de otro título que les llame la atención.

Los sábados hay historias de vida y música católica en vivo, excepto una vez al mes, que la parroquia está en vigilia. Ese día hay silencio absoluto, y Andrés extienden la invitación a sus clientes a que se unan al acto litúrgico. De igual forma el café permanece abierto durante la celebración.

“La invitación de Santa Ana es vivir una Iglesia que es más amor que reglas. Una Iglesia que no es aburrida, una Iglesia que canta música alegre, no te roba tu forma de ser, que no cambia tu personalidad, sino que lo mejora. Es importante que entendamos que la Iglesia no es una estructura, sino que somos todos los que la componemos. La invitación, entonces, es a disfrutar las cosas con unos puntos suspensivos a la eternidad”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co