Bocatto de príncipe

Bocatto de príncipe

Aprovechando los días de verano empaqué a mi mujercita y nos fuimos a conocer el nordeste antioqueño del que me habían hablado mucho, y la verdad, descubrimos una región de hermosos paisajes montañosos que empiezan después de cruzar el río Porce, como se denomina allí el río Medellín, en las partidas hacia Gómez Plata. Hasta ese punto el paseo fue un verdadero desastre no solo por el desorden del tráfico en los peajes que no dan  abasto, si no por el paisaje dantesco, los olores terribles del rio de aguas negras, basura, espuma y miles de gallinazos de un paisaje desolador por lo que me costó mucho convencer a mi mujer, mi querida suegra y mis dos hijos para no devolvernos con la promesa de que conoceríamos el pueblo donde nació Juanes.

Carolina del Príncipe, que goza de un clima perfecto,  es uno de los pocos municipios antioqueños que ha respetado su patrimonio arquitectónico colonial, lo que lo ubica como uno de los más lindos y mejor conservados  del departamento. Su parque de calles empedradas, rodeado de coloridos balcones sembrados de begonias, bifloras, novios, cortejos y conchitas, tiene varias tiendas, panaderías, fondas, cafés y restaurantes con una magnífica oferta. Cuenta con varios hoteles confortables, bien dotados y muy bien atendidos que hacen honor a la hospitalidad del campo. Por supuesto una de sus mayores atracciones es el pintoresco monumento a Juanes de cuerpo entero con guitarra y pelo largo, en donde todos los visitantes se hacen selfies como bien lo hizo mi familia en pleno.

Y allí, en la esquina del parque frente a la estación de policía, en un segundo piso, nos encontramos el Café con Historia, el restaurante de César Alonso González, un personaje simpatiquísimo, que según nos contó, con su morral al hombro se fue muy joven a recorrer el mundo, de donde trajo su título de chef, su inconfundible acento español puro y cientos de recetas con las que montó el restaurante, reconocido y recomendado por toda le gente del municipio, que mantiene sus mesas  a reventar con sobradas razones. La charla divertida del dueño, la atención impecable, el sitio pequeño pero acogedor y la comida que nos sorprendió gratamente, fueron el remate perfecto en nuestro paseo a Carolina. Para no ver el río triste, nos devolvimos por la carretera que llega a Santa Rosa de Osos, cargados de historias, paisajes y sabores.

Nos recibieron con el coctel de bienvenida de jengibre y ajonjolí con un sabor que no tenía registrado en mis recuerdos, pedimos sangría para los grandes y jugos deliciosos para los peques, luego empezó a llegar todo lo que nos recomendó César: punta de anca asada, costillas bbq que fueron el deleite de mis hijos, trucha en salsa de camarones, chuleta de cerdo y carne puyada que resultó ser muchacho relleno; terminamos repletos pero no resistimos la tentación ante su célebre flan de coco, exquisito. La cuenta nos sorprendió tanto como la calidad de la comida ya que salimos más que satisfechos por menos de $35.000 cada uno. Es mejor reservar para garantizar la mesa en el 320 268 66 86

Carolina del Príncipe, volveremos. Escríbanos a Gente contándonos sobre sus sitios favoritos a donde vale la pena ir.