El barrio Nutibara se llenó de talleres

El barrio Nutibara se llenó de talleres

El barrio Nutibara se llenó de talleres

Desde hace una década la llegada de talleres a Nutibara, uno de los barrios más tradicionales de Belén (Medellín) generó opiniones divididas. Esto dicen los vecinos.

Don Orlando Taborda vive desde hace 74 años en el sector de Nutibara. Fue uno de los fundadores del barrio y así como vio levantar las primeras casas también fue testigo de la venta de varias de ellas para la adecuación de locales destinados a reparar automotores.

El problema es que uno no puede transitar por la acera, se tiene que tirar por la calle. Se ve uno cogido de carros”, señala Taborda y agrega que además se genera congestión porque las calles se llenan a tal punto, que es difícil transitarlas.

Julio César Betancur, integrante de la Junta de Acción Comunal del barrio, explica que hace 10 años comenzó a notarse el cambio en el uso del suelo y desde entonces ha recibido quejas de los residentes. Ha enviado derechos de petición y denuncias a la inspección, y entre las respuestas le han indicado que el Plan de Ordenamiento territorial reconoce el uso mixto del suelo en algunos de las calles.

El barrio ya no da más. Lo pusieron como zona industrial y esto siempre ha sido residencial. Lo que la gente quiere evitar es que se vengan más talleres para acá”, asevera el líder comunitario y agrega que con el Plan Parcial de Naranjal y Arrabal algunos de los talleres se desplazaron hasta esta zona de Belén.

Según Mario Macías, empleado de uno de los establecimientos, las ventajas del sector para ofrecer servicios de mecánica es la cercanía a las tiendas de repuesto, como lo son Barrio Triste, Barrio Colombia y el mismo parque de Belén. Además los alquileres son económicos y los clientes se sienten más seguros.

Creemos que somos buenos vecinos. Como nos han conocido desde hace tantos años (10), tenemos una convivencia muy estrecha, con nosotros no ha habido ningún problema”, argumenta Macías y aclara que el local en el que trabaja nació hace 10 años en Nutibara. Según él, de Naranjal llegaron unos 4 talleres, pero 2 ya se fueron.

Mario Macías asegura, al menos en la empresa para la que trabaja, se respetan los andenes “porque el área de circulación es amplia, da para parquear los carros y que la gente pase”. Con él coincide Francisco Vargas, propietario de un montallantas, quien dice que en ocasiones las calles se llenan, pero como sus trabajos no tardan mucho tiempo, no generan congestión.

Por otro lado, Alexandra López, propietaria de una casa en la calle 30A con la 65A, dice que muchas de las quejas por esta situación vienen de las residencias que no están en medio de los locales de mecánica. “A mí no me perjudicaron en nada, antes me parece que eso genera empleo y es algo que lleva muchos años en el barrio”, comenta la vecina y añade que hace 3 meses se mudó de casa, pero aún tiene su fundación en Nutibara.

Lo que dice el POT
El Acuerdo 48 de 2014 (Plan de Ordenamiento Territorial) muestra las calles 30 y 30A, al igual que la carrera 65, como “centralidades y corredores con alta intensidad”. Claudia García, subdirectora del Departamento Administrativo de Planeación, explica que esto obedece a un modelo de ocupación de la ciudad definido en el artículo 9 del mismo POT.

Hay un objetivo que dice que queremos ser una ciudad compacta, continua y diversa, que privilegia la densificación y la diversificación de usos en las áreas más planas para garantizar equilibrio funcional y ocupación racional del territorio”, resalta la funcionaria y enfatiza que lo que el POT hizo en este lugar fue “reconocer las dinámicas económicas que se han desarrollado en el tiempo, para definir a partir de allí definir nuevas zonas donde la responsable mezcla de usos del suelo sea posible”.

El propósito es, continuando con la subdirectora, tener una ciudad con urbanismo de proximidad. Esto quiere decir que, ojalá en la cercanía de la ciclocaminabilidad, las personas puedan acceder a los servicios de recreación, educación, culto y otros.

Lo que sí reconoce el acuerdo es que las zonas residenciales son las más frágiles, por eso establece una serie de reglas que deben cumplir las actividades productivas que se establecen en esas zonas, y por esta razón la funcionaria es enfática al aclarar que desde la solicitud de licencias los propietarios de este tipo de locales conocen las reglas que deben cumplir, tanto para prevenir efectos ambientales (como el ruido y las vibraciones) como los urbanísticos (relacionados, por ejemplo, con horarios de cargue y descargue y soluciones de parqueo).

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co