Adiós a Barbas, el gato consentido de Zúñiga

Adiós a Barbas, el gato consentido de Zúñiga

Adiós a Barbas, el gato consentido de Zúñiga

A una cuadra del colegio La Salle, en Envigado, vivió este felino de aproximadamente 3 años de edad, al que los vecinos alimentaban y cuidaban. En la madrugada del 28 de julio murió atropellado.

Con un altar los vecinos de Zúñiga rindieron un homenaje póstumo a Barbas, el gato que vivía en la calle 23 sur con carrera 43A y era cuidado por la comunidad. Hasta la banca donde le habían adecuado una caja con cobijas y tazas para sus alimentos, los habitantes del sector llevaron flores, cartas y fotos del animal.

Un par de días antes del hecho, el periódico Gente publicó un artículo sobre la historia de este gato consentido por los vecinos. Lo reproducimos a continuación:


(Texto publicado en Gente Envigado, el 26 de julio de 2019)

A una cuadra del colegio La Salle vive este felino de aproximadamente 3 años de edad, al que los vecinos alimentan y cuidan. Esta es su historia.

A Barbas se lo puede encontrar apacible, sentado en el andén de la calle 23 sur con carrera 43A, mirando la gente pasar. También puede verlo refugiado en la caja que le adecuaron debajo de una banca en ese sector o en su estado más juguetón, recibiendo cariño de alguna persona que se acerca para acariciarlo, tomarle fotos o darle comida y leche.

Él es un vecino más. La gente lo conoce, lo cuida y habla de su historia. Ángela Cataño, empleada del bar restaurante Bermellón, ubicado la esquina de esta cuadra, cuenta que el gato tiene aproximadamente 3 años y desde los primeros meses de vida llegó a la zona.

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Nació en la última camada de la gata Milla, que vive en el Alto de Misael, con la familia Cataño. Decidieron llevarlo al taller de vehículos contiguo a Bermellón, donde trabaja un hermano de Ángela y allí vivió un buen tiempo.

“Los viernes y sábados que abríamos el bar se hacía en la mitad del escenario, jugaba con los cables, se iba por los lados de las mesas y se les montaba en las piernas a los clientes… la gente era bebiendo y comiendo al lado de él. Pocas personas lo rechazaban”, cuenta la vecina.

Si el bar estaba cerrado, Barbas encontraba la forma de colarse por una ventana durante la madrugada y terminaba encendiendo la alarma de seguridad. También se paseaba por las obras de construcción del edificio O’Clock y volvía lleno de polvo.

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“Se volvió muy andariego”, cuenta Ángela, y desde que abrieron el Justo y Bueno en el primer piso del conjunto residencial, hace aproximadamente 4 meses, dejó de ir al taller y al bar.

Julieth Jaramillo, empleada del supermercado, cuenta que en vista de que el gato permanecía afuera del local, una compañera le adecuó un refugio debajo de una banca. Llevó una caja de cartón forrada en plástico, una cobija y unas tazas para el cuido y la leche.

“Los clientes vienen, le compran comida o le dejan snacks y nosotros nos encargamos de dárselos y de cambiarle el agua todos los días”, dice Julieth.

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En el supermercado le dicen Justo y hay otros vecinos que lo llaman Negro. Aunque es un gato amistoso, dicen los vecinos que no se lleva muy bien con los perros y por eso también hay algunos residentes que no lo ven con muy buenos ojos.

Ángela cree que a Barbas le gustó más este sitio porque el taller es solitario en las mañanas. Pero desde ese, su hogar original, también le siguen llevando alimento.

Luis Alberto Duque, vigilante de la empresa Segurtec, que queda en esta misma calle, dice que “el gato vive bueno, no pasa necesidades”, de hecho cuenta que en las noches lo ve salir a cazar y luego volver a dormir en su casita, debajo de un árbol o debajo de los carros.

En una de esas salidas nocturnas, dicen los vecinos, al parecer le lastimaron el ojo derecho y por eso ahora tiene una especie de sombra blanca en él.

Según cuenta Julieth, hasta esta cuadra han llegado veterinarios para evaluar el estado de salud de Barbas e incluso no ha faltado el vecino que ha querido adoptarlo. Al animal no le faltan cuidados ni cariño.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co