La Enseñanza, 120 años de historias

Cumplen 120 años de enseñanzas

La Enseñanza, 120 años de historias

La institución celebró el encuentro de exalumnas, oportunidad en la que resaltaron el impacto que esta tuvo en sus vidas.

Hay quienes dedican la vida a una vocación y hay quienes se la dedican a una institución. Inclusive, hay quienes se entregan a ella.

Una de estas es Lilian Ángel de Londoño, quien con 100 años, ha tenido el corazón en el Colegio de la Compañía de María, La Enseñanza. Sus 7 hijas, entre ellas una religiosa, y 6 de sus nietas, incluida la campeona olímpica Mariana Pajón, pasaron por el colegio.

Además, ha participado en las distintas labores sociales que ha llevado a cabo el colegio en todos los puntos del Valle de Aburrá, incluyendo la Residencia Social Santa Juana, donde participó activamente durante cerca de 10 años. Es por esto que fue homenajeada en el encuentro celebrada el jueves 25 de abril en el auditorio de la institución. Allí fue galardonada como exalumna ad-honorem por la Asociación de Exalumnas de la institución.

Una enseñanza para vida
Durante el encuentro, celebrado en el marco de la fiesta de Nuestra Señora del Buen Consejo, fueron entregados sendos reconocimientos a 29 exalumnas, incluyendo a Merceditas Arango, María Eugenia Vélez, Sofi López, Inés Betancur, Carola González, Beatriz Velásquez y Luz Elena Vélez, entre otras.

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La ocasión, que contó con una eucaristía y una presentación artística, también a cargo de 4 egresadas del colegio, sirvió para conocer un poco de la historia de la institución y el legado en sus alumnas.

Ana Isabel Betancur Botero, egresada en 1960, recuerda con especial cariño el colegio. Madre, tía y abuela de otras alumnas de La Enseñanza, cuenta que le tocó estudiar en la sede del centro cuando en Medellín se vivía una “época muy tranquila”. Agradece el papel que tuvo en su educación la madre María Eugenia Penagos, quien la apoyó durante sus 2 últimos años en la institución.

María Cristina Palacio, por su parte, destacó de sí misma y sus compañeras esa camaradería que aún hoy las une. Esa unión se ve en quienes pasaron su infancia o adolescencia en el colegio. María Manuela Uribe, por ejemplo, asiste cada 15 días al mismo costurero con sus amigas desde hace unos 50 años.

Pero hay algo más que las une: el afán por incidir en la sociedad. “Las alumnas de La Enseñanza se distinguen por su deseo de servir a los demás”, cuenta Palacio.

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Quiebre generacional
En una mesa del encuentro de exalumnas están Martha Elena Bravo y Silvia Gómez, egresadas en 1958, junto con Beatriz Gómez, salida en el 66. Filósofa, arquitecta y abogada, recuerdan con especial cariño a las madres María Agudelo, Luz Uribe y Lucía Maya por su “talento, ser buenas profesoras” y, sobre todo, por su corazón.

En ellas, recuerda Bravo, había una vocación de orientadoras y un profundo anhelo por educar. Fueron ellas las primeras monjas en cursar una carrera universitaria. Con su paso a la “U”, les abrieron la mente y el camino a sus entonces alumnas para que construyeran un proyecto profesional.

Entre los recuerdos de Silvia Gómez está esa escuela de humildad que fueron sus profesoras, así como el interés en desarrollarles esa facultad de que pensaran por sí mismas.

Buena parte de las exalumnas fueron las primeras en enfrentarse al mundo académico y laboral de sus familias. Sin proponérselo, aseguran, el colegio les había dado las herramientas para luchar codo a codo por un lugar en la sociedad cambiante de la segunda mitad del siglo XX.

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Marta Elena Bravo cuenta que en su familia, hubo 5 hijas, de las cuales 4 se dedicaron a la filosofía y una más a la música. Su paso a la educación superior hizo parte de esa revolución cultural que, sazonada con los aprendizajes adquiridos en el colegio, la enfocó a pensar en lo social, a servir a los demás.

María Inés Restrepo, egresada del 70, reconoce que si bien hay una formación dirigida a desarrollar la excelencia académica, destaca por encima de todo la vocación social de las mujeres que allí fueron educadas.

Flanqueada por sus amigas de la juventud, menciona que los proyectos sociales adelantados por la Compañía de María en Moravia y Pedregal, entre otros sitios de la ciudad, a los que se deben vincular las estudiantes, sembraron la semilla para compartir tiempo y talento con las comunidades más desfavorecidas.

Como consecuencia de esa semilla, nació la misma asociación de exalumnas, creada hace 65 años, y la cual desarrolla proyectos comunitarios en distintos puntos de la ciudad. Según Restrepo, en el ADN de quienes se forman en La Enseñanza está “servir”.

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Por esto prevén crear la Escuela de Mujeres Líderes, que con recursos de cooperación nacional e internacional, llegue a las comunidades más apartadas para empoderarlas para dirigir organizaciones y movimientos. Por su parte, María Cristina Fernández, de la generación del 72, valora la responsabilidad, solidaridad y compromiso de aquellas mujeres que culminan sus estudios en la institución.

Asegura, que lo que las une después de todos los años tras haber salido de La Enseñanza, es la resilencia, “la berraquera” y el espíritu de “luchadoras”.

Como señalan sus exalumnas, una historia de 120 años formando mujeres, se logra con fortaleza, amor y dedicación.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co